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El Patriotismo: un artículo juvenil de Federico García Lorca

Federico García Lorca portavoz de un cristianismo avanzado

Ofrecemos a los amantes de la Cultura Española y los viajes de inmersión cultural por España un texto juvenil de Federico García Lorca del que no hemos podido confirmar si llegó a publicarse en vida del autor. ((En realidad el filólogo Jose Javier León ha tenido a bien confirmarnos en el grupo de Honores para García Lorca que en efecto: “El patriotismo” es uno de los ‘Ensayos’ de juventud de García Lorca. Su texto se encuentra, íntegro en ‘Prosa inédita de juventud’, edición de Christopher Maurer (Madrid, Cátedra, 1998, pp. 298-304). Es, pues juvenilia. Y, sí, era inédito.”))

Lo que sí hemos sabido es que cuando Lorca lo firmó tenía 19 años tan sólo, y apenas hacía un año que había comenzado a escribir, es decir, a formar parte de “la Orden de la Literatura Andante” ((Eutimio Martín. El Quinto Evangelio. Proyección de Cristo en Federico García Lorca, p.20)) 

Cuando Lorca escribe estas palabras Europa y las vidas de millones de europeos estaban siendo devoradas por el monstruo de los nacionalismos antagónicos que condujeron a la Primera Guerra Mundial y en España aún no se había puesto fin a la guerra colonialista contra Marruecos, sostenida por sus defensores en el nombre de nuestras pasadas glorias militares. (( Para ampliar el panorama intelectual sobre las guerra de Marruecos puede verse el trabajo de Alfonso Iglesias Amorín “Los intelectuales españoles y la Guerra del Rif (1909-1927”))

En este contexto histórico vemos a Lorca asomarse al panorama educativo y político del momento al modo de un furibundo Jesucristo, que reparte leña entre los mercaderes del templo, acusándoles de pervertir el mensaje de amor que el mismo Jesucristo legara para la Humanidad en los Evangelios.

En este momento de su vida, Federico Gacía Lorca era un brillante aprendiz de escritor imbuido por un cristianismo heterodoxo, tanto que el gran lorquista Eutimio Martín llega a calificarlo como “un precursor de la teología cristina de la liberación” impulsada unas cuantas décadas después por el sacerdote franciscano Leonardo Boff.

Resulta significativo, al mirarlo con la ventaja que da la perspectiva histórica, el hecho de que quien tan amargamente denunciara el peligro del nacionalismo estuviera predestinado a ser, precisamente, una de sus primeras víctimas ejecutadas a sangre fría en España. 

Un asunto que formará parte del trágico debate europeo de las siguientes décadas

En este sentido podemos decir que este artículo contiene algunos anticipos trágicos de lo que será el futuro de aquel joven nacido en la Vega de Granada que por aquel entonces era totalmente desconocido por el mundo cultural. 

Pero no sólo contiene algunas anticipaciones personales de la vida de nuestro poeta, sino de la de toda Europa y los millones de vidas humanas que, a la vuelta de la siguiente esquina de la Historia también iban a padecer una suerte parecida por motivos similares.  

Podemos citar como ejemplo ilustrativo el de otro importante referente cultural:  porque años después del asesinato de Federico García Lorca a manos del autodenominado “Bando Nacional” en España, ponía fin a su vida el también popularísimo escritor austriaco Stefan Zweig en su exilio brasileño, desesperando ya de toda esperanza, por el imparable  ascenso de Hitler en Europa. 

Leyendo a este autor que actualmente vuelve a estar, como Federico García Lorca, en pleno apogeo en las librerías, podemos encontrar declaraciones como la siguiente: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”. ((Prefacio de El Mundo de ayer de Stefan Zweig)).

¿Qué otras similitudes y divergencias podrían encontrarse entre el pensamiento del escritor austriaco de origen judío y el de nuestro dramaturgo y poeta granadino más universal?

Dejamos abierta la pregunta para vuestras mentes curiosas y os dejamos, sin más, con el artículo sobre el patriotismo del joven Federico García Lorca. ((El artículo ha sido mínimamente editado para favorecer su lectura, incluyendo en él los destacados, las imágenes y los epígrafes  que hemos considerado más oportunos))

Su profundo contenido os logrará calar si lo leéis despacio y atentamente. 

El Patriotismo

¿Para qué sirve esa multitud de muñecos grotescos?

Artículo firmado por Federico García Lorca en 1917, cuando tenía 19 años de edad ((La imagen corresponde a una estancia del poeta en Lanjarón tomada diez años después de la redacción de “El Patriotismo, en 1927))

Hay que pensar para qué sirve toda esa multitud de muñecos grotescos que son sacerdotes del patriotismo y que van arrollando a la dulzura y al amor.

 

¡Cuántas veces nos han hablado del patriotismo!

Siempre hemos entendido, desde niños, al patriotismo por un sentimiento que tiene por espíritu a un trapo de colores, por voz una corneta desafinada y por fin defender las tumbas, las casas de nuestras familias.

Los encargados de danzar ante el sacro fuego de sus ideas son unos señores muy ordinarios con bigotes tiesos y voces campanudas que nos hacen a los jóvenes besar una cruz infame, formada por la bandera y una espada; es decir la cruz de las tinieblas y de la fuerza.

Hay que pensar para qué sirve toda esa multitud de muñecos grotescos que son sacerdotes del patriotismo y que van arrollando a la dulzura y al amor.

No se puede concebir por qué todo un pueblo se lanza contra otro únicamente por esta pasión…

Por patriotismo los hombres han caído en las negruras de la muerte.
Por patriotismo la verdadera patria fue deshecha y escarnecida.
Por patriotismo nacieron los males de la tierra.
Por patriotismo fueron los hombres odiosos y crueles.

Exaltación nacionalista

Fotograma de la serie “Patria” basada en la novela de Fernando Aramburu. Otra obra de actualidad donde se radiografían las consecuencias de la exaltación violenta del patriotismo y el empleo anestésico de los sentimientos religiosos del pueblo para el encubrimiento del crimen contra hermanos.

En España nos la damos de muy patriotas. En la escuela nos dicen: «España es nuestra segunda madre y el Rey su representante», es decir, su maniquí.

Y nosotros mirábamos al maestro que, encendido el pecho de entusiasmo, nos decía: «Es nuestra segunda madre. Vosotros, como buenos hijos, debéis dar hasta la última gota de vuestra sangre» (ésta es la frase de cajón).

Paseábamos por la calle y al fondo de ella aparecía el ejército brioso, marcial, marchando elegante al son de una sinfonía bélica.

Y nos daban escalofríos, auto-sugestionados por el medio ambiente y nos descubríamos ante la bandera con un no sé qué.

Indudablemente, los tramoyistas de la vida nacional preparan admirablemente los efectos. Producen emociones involuntarias, valiéndose del aparato y de la música.

Hay que confesar que la fastuosidad y la etiqueta mezclada con sones apabullantes de músicas produce en las muchedumbres el vértigo.

Primero el gran aparato de las armas les produce el miedo y el asombro; y luego, las músicas les sugieren los sentimientos amables.

Porque nada como la música comprendida por muchas almas a la vez para formar una sola alma en una sola voluntad.

Es el efecto que recibe la multitud sin darse cuenta.

Hay que ir contra esas exhibiciones llenas de lástima y con los oídos del alma tapados como Ulises se tapó los suyos para no caer en la tentación de las hadas del mar.

¿De qué se valen las congregaciones religiosas sino de la fastuosidad y de la riqueza para atraer a la multitud?

Saben muy bien que la masa es muy impresionable y le hacen postrarse ante el brillo del oro.

Y se da el caso raro de gentes que, comprendiendo lo ridículo e imbécil de dichos actos, asisten a ellos para recrearse en su solemnidad y teatralidad.

En la idea de patriotismo se supeditan las pasiones, el amor, la caridad y la dulzura a la flor áspera y punzante del deber.

Es la idea fin del patriotismo convertir muchas almas en cuerpos.

Las creencias individuales, sus apasionamientos, sus amores, quedan supeditados a la voz de un hombre que grita muy grave: «Ordeno y mando», y lanza los cuerpos unos contra otros, porque las almas volaron al comenzar la tragedia.

Es necesario, preciso, que las multitudes se despierten llenas de amor y caridad.

Es preciso acabar con lo inútil de las ideas patrióticas.

El patriotismo es uno de los grandes crímenes de la humanidad porque de sus senos podridos por el mal surgen los monstruos de la guerra.

Las banderas como símbolo de la oscuridad

Por patriotismo los hombres han caído en las negruras de la muerte.

Por patriotismo la verdadera patria fue deshecha y escarnecida.

Por patriotismo nacieron los males de la tierra.

Por patriotismo fueron los hombres odiosos y crueles.

Las banderas son los símbolos de la oscuridad y de la negación de Dios.

 Al hallarse los hombres divididos pusieron el ideal de su bienestar sobre esos trapos de colores que flotan, como orgullos con forma, sobre todo el mundo.

Desde la escuela, en vez de enseñarnos a amarnos y ayudarnos en nuestras miserias, nos enseñan la deplorable historia de nuestros países salpicados de sangres, de odios, y nos dicen: “Aprended a matar a vuestros enemigos”.

“Mirad. ¿Veis este retrato? Pues es Felipe II, que quemó 8.000 herejes”. ((Al leer las ideas de Lorca sobre el peligro de una educación en las escuelas basada en un nacionalismo de cuño militarista es fácil pensar que pudo haber leído con gusto algunas de las ideas similares expresadas por el militar ilustrado y precursor del romanticismo literario español José Cadalso  Véase por ejemplo la Carta XXVIII, donde el maestro Benveley responde así al joven Gazel:

“Que un guerrero transmita a la posteridad la fama de conquistador, con monumentos de ciudades asaltadas, naves incendiadas, campos desbaratados, provincias despobladas, ¿qué ventajas producirá su nombre? Los siglos venideros sabrán que hubo un hombre que destruyó medio millón de hermanos suyos; nada más. Si algo más se produce de esta inhumana noticia, será tal vez enardecer el tierno pecho de algún joven príncipe; llenarle la cabeza de ambición y el corazón de dureza; hacerle dejar el gobierno de su pueblo y descuidar la administración de la justicia para ponerse a la cabeza de cien mil hombres que esparzan el terror y llanto por todas las provincias vecinas. “ (…) Carta XXVIII De Ben-Beley a Gazel, respuesta de la anterior))

“¡Admirad este otro! Es el Cid Campeador, que luchó contra la cruel morisma y que en Valencia asesinó a muchos hombres”.

 “Y éste es Santiago, patrón de España, que luchó contra los moros y los exterminó”.

Sobre la crueldad de la Historia

Todas las historias de los pueblos, tan llenas de horrores, sirven de guía a la juventud en vez de ampararse en la inefable luminosidad del Evangelio de Jesús.

Las almas de los niños se educan en ese ambiente de fuerza y de crueldad y llegan a considerar muy afligidos, aunque sin darse cuenta, al Dios de las batallas:

“Ya lo sabéis, niños -exclama el maestro-. Dios crió a los hombres para amparar exclusivamente a nosotros, a los cristianos”

 Y todos los niños se acostumbran a ver en las demás razas una humanidad inferior y digna de ser exterminada.

En las escuelas, en vez de enseñar el triunfo de la verdad sobre la fuerza, enseñan la apoteosis de la crueldad y la razón espantosa de la violencia.

Todas las historias de los pueblos, tan llenas de horrores, sirven de guía a la juventud en vez de ampararse en la inefable luminosidad del Evangelio de Jesús.

Desde nuestros primeros años nos predican la guerra como cosa necesaria para la gloria de la patria.

El patriotismo borró de la historia a los espíritus débiles pero llenos de amor.

Cuando en la historia nos quieren hablar de Dios, aparece la espantosa Inquisición.

Cuando de formas de pedir misericordia, aparece aquel formidable espíritu del mal llamado Domingo de Guzmán.

Cuando nos hablan de la fe en el más allá, nos enseñan la execrable figura del rey Carlos, el encantado por Barrabás.

El maestro se levanta y dice:

“¡Amar a España! En sus dominios no se ponía nunca el sol”.

Toman la luz y la hacen oscuridad.
Toman la paz y la hacen luchas.
Toman la gloria del amor eterno y crean la fuerza para amordazar conciencias.

Las escuelas de las dictaduras basan su narración histórica en una sucesión selectiva de héroes militares buscando contagiar de similar espíritu a los educandos. Una buena muestra de estos particularistas planteamientos pedagógicos podemos encontrarla cuando visitamos el Museo Pedagógico de Aragón en nuestros Viajes Culturales por España

¡Ay, nuestras gloriosas tradiciones!

Todas incubadas en la maldad y amparadas, cobardemente, a la sombra augusta de la cruz.

España tomó para encubrir sus maldades a Cristo crucificado. Por eso aún vemos su ultrajada imagen por todos los rincones.

Con el nombre de Jesús se tostaban hombres.

En el nombre de Jesús se consumó el gran crimen de la Inquisición.

Con el nombre de Jesús se echó a la ciencia de nuestro suelo.

Con el nombre de Jesús ampararon infamias de la guerra.

Con el nombre de Jesús inventaron la leyenda de Santiago guerrero.

Toman la luz y la hacen oscuridad.

Toman la paz y la hacen luchas.

Toman la gloria del amor eterno y crean la fuerza para amordazar conciencias.

Éstos son los crímenes de lo que llaman patriotismo.

Éstas son las aureolas de la bandera española.

Todas las banderas de todas las naciones están nimbadas de sangre mártir que no dio la fuerza que según los reyes debió dar.

¡Ay Dios mío! ¿Hasta cuándo hemos de invocar a nuestras tradiciones?

 Porque aquí, en España, pocas veces se nombran en las escuelas aquellos hombres suaves y plácidos que predicaron la paz por las mesetas castellanas.

Y no los mientan por considerarlos malos españoles, indignos de pertenecer a este desventurado país.

Nuestra tradición guerrera no significa nada, puesto que al presente no dio su utilidad.

¿A qué oscurecer la conciencia con los recuerdos de sangre?

Una pedagogía para la paz

Lo que nos envía a matar hombres contra la razón no puede ser madre.
Hay que ser hijos de la verdadera patria: ¡La patria del amor y de la igualdad!.

Manos Cortadas Dibujo de Federico García Lorca

“Manos cortadas” Dibujo de García Lorca firmado en 1935. Federico repitió este motivo inspirado en su admirado Salvador Dalí en numerosas ocasiones, como expresión de rechazo a la crueldad y la violencia que mutilan las emociones, el futuro y el amor.

 Debemos formar en las escuelas ciudadanos amantes de la paz y conocedores del Evangelio.

Debemos crear hombres que no sepan que existió el desdichado Fernando el santo, ni Isabel la fanática, ni Carlos el inflexible, ni Pedros, ni Felipes, ni Alfonsos, ni Ramiros.

Debemos resucitar las almas niñas contándoles que España fue la cuna de Teresa la admirable, de Juan el maravilloso, de don Quijote divino y de todos nuestros poetas y cantores.

Ocultar a los niños que tuvimos reyes fratricidas y sanguinarios.

Borrar de las conciencias el admirado Gran Capitán y echar el velo del olvido sobre el pasado.

Que en las escuelas en vez de decir cantando «A Felipe I sucedió Felipe II», griten los niños «y nació Cervantes y Fray Luis».

Debemos inculcar el amor a toda la humanidad en los niños y el odio a las espadas y a los escudos. Y que una mañana, mañana con arreboles de sol glorioso y perfumes de verdad y justicia, vayan todos los niños en procesión a los campos con las manos llenas de rosas y claveles. Y que se detengan frente a un gran monte de libros de nuestra historia que esté ardiendo con gran furia.

 Y los niños cantarán el amor de la humanidad. Luego que sea el monte ceniza, que arrojen sobre él las flores y de ellas surgirá el milagro.

Un evangelio gigante se abrirá y los niños leerán el consuelo para la vida. Y del horizonte brotará la aurora de una paz infinita.

Hay que arrancar las nefastas ideas patrióticas de la juventud como hay que arrancar a los patrioteros, por honor a nuestras madres, el concepto de la “patria madre”.

¡Nunca puede ser madre nuestra la que, según decís, tenemos que dar la última gota de nuestra sangre por ella!

Ella nos lo manda y eso no lo ordena ninguna madre.

Vosotros, los que empuñáis eternamente las armas en vez de empuñar el arado o alguna cosa santa y útil, no sabéis lo que es una madre.

Las vuestras, al permitir que fuerais fratricidas ya dieron prueba de que no os sintieron en sus entrañas.

¡No, señores luchadores de oficio! ¡No! ¡No! y ¡No!

Las madres que poseemos son la que nos dio el ser; y la madre de todos los hombres: la madre de La Humanidad.

¡No, caballeros del bufido y de la espuela!

La madre es el amor gigante, la piedad, el sacrificio.

 El único amor verdadero que poseemos en la vida.

La madre es la compasión, la luz, el beso de Dios.

La madre es el cuerpo del cual somos alma y corazón.

¡No, patriotas oscuros, la patria no es nuestra segunda madre! En todo caso, es una madrastra como la de Cenicienta.

Lo que nos envía a matar hombres contra la razón no puede ser madre.

Hay que ser hijos de la verdadera patria: ¡La patria del amor y de la igualdad!