Skip to content

Romance de Ciego a los Amantes de Teruel

Romance de Ciego a los Amantes de Teruel

Share on facebook
Comparte en Facebook
Share on whatsapp
Comparte en Whatsapp
Share on print
Imprimir
image_pdfDescargar pdfimage_printImprimir

Viajes Culturales a través de la literatura

 

Jóvenes enamorados 

y doncellas casaderas,
los que gozáis del amor
o que sufrís por su pena,

oíd la historia amorosa

más sublime y verdadera
que ocurrió en tiempo pasados
y que todos la recuerdan.

Fue en la villa de Teruel,

de la patria aragonesa,

a poco de conquistarla

a las gentes agarenas;

siendo el mil doscientos doce

de nuestra cristiana era.

 

 Lucía Teruel hermosa

con su corona de almenas,

sus nobiliarios palacios

y esplendor de nueve iglesias.

 

 Dos jóvenes allí había,

vástagos de la nobleza,

él se llamaba Juan Diego,

Isabel llamaban a ella;

de los Marcilla el galán

de los Segura la bella;

los dos con pasión se amaban

como singular pareja.

 

 Cuando don Pedro Segura

supo de aquellas querencias,

mandó a los enamorados

acudir a su presencia,

y así le dijo a Juan Diego:

 

“Mira Juan y considera

que tu eres de noble cuna,

galán de figura apuesta,

pero por ser segundón

no recibirás herencia,

mientras mi hija Isabel

muy buena dote se lleva

y cuando llegue mi hora

el día que yo me muera

recibirá mi fortuna

y disfrutará mi hacienda.”

 

Triste quedó Juan Diego

escuchando tal sentencia,

que le aparta de su amor

por culpa de la riqueza.

 

Piensa y piensa el caballero

y toda la noche piensa

como salir del peligro

que a su gran amor acecha.

 

A la mañana siguiente,

Juan Diego a Isabel espera:

“Escucha, mi bien amada,

si tu padre me reprueba

y por no tener fortuna,

contigo no me empareja,

cinco años dame de tiempo

para marchar a la guerra,

que yo volveré tan rico

como tu padre desea.”

 

Don Pedro, rey de Aragón

a sus esforzados plega,

que en las Navas de Tolosa

los atabales resuenan

y Juan Diego de 

sus bravos capitanea.

 

Los días pasan eternos

y las semanas eternas,

Isabel está esperando

pero noticias no llegan.

 

Pedro le pide boda

pero Isabel se la niega

alegandole que un lustro

de virginidad hiciera

y debe cumplir con Dios

manteniéndose doncella.

 

Por Teruel anda otro 

que alcurnia de Azagra ostenta,

se ha prendado de Isabel

y rendido la corteja.

 

El padre al ver la ocasión

que tan feliz se presenta

a Isabel obliga al fin

a que a su deseo acceda.

 

Se han preparado las bodas

como en Teruel no se vieran,

grandes músicos contratan

para animar tanta fiesta,

albricias, bailes convites,

al pueblo sencillo alegran,

¡qué apuestos los caballeros

y las damas qué belleza!

En todos hay alegría

sólo en Isabel tristeza.

 

 Caballero en su corcel,

corta el manto de la vega

Juan Diego el enamorado

que hacia su ciudad se acerca.

 

No corras no, caballero,

tu veloz caballo frena

que no sabes en Teruel

las noticias que te esperan;

mira que sonaron bodas

y tarde a tu dicha llegas.

 

 Al llegar Diego a su casa

cuando de todo se entera,

marcha en busca de Isabel

para que ella le refiera

el porque lo convenido

incumplió de tal manera.

 

Dolida estaba Isabel

y dolida va y le cuenta:

“Sin noticias de su parte,

cumplido el plazo de espera

y obligada por mi padre,

hice lo que no quisiera.”

 

“Un beso dame, Isabel

que muero si no me besas:”

“No puedo dártelo, Juan,

aunque gustosa lo diera

pues fidelidad de esposa

a otro hombre me encadena.”

 

Por no besarlo Isabel,

cayó muerto en su presencia.

En la torre de San Pedro,

campanas de muerte suenan,

que el funeral por Juan Diego

en su templo se celebra.

 

Al centro se halla el cadáver

que la familia rodea;

pero ¿quién será esa dama

de la mantilla cubierta,

que dando un beso al cadáver

sobre él a quedado yerta?

 

Era Isabel de Segura

figura de la tristeza

que a su amor transida busca

y en las tiniebas encuentra.

 

Allí refirió el esposo

todo cuanto aconteciera

y los enterraron juntos

pues la muerte sí quisiera.

 

Enamorados del mundo,

amantes sobre la tierra,

en Teruel alzó el amor

un templo en que se veneran

los hechos de dos amantes

que cual ejemplo presenta.

 

Venid aquí a renovar

esos lazos que os estrechan,

que el amor se siente vivo

más allá de la existencia.

Este es el “Romance de Ciego a los Amantes” compuesto por el escritor y periodista turolense Gregorio A. Gómez Para saber más sobre este autor , te recomendamos visitar esta web.